sábado, 30 de junio de 2012

El Líder de Los Pecadores Capítulo 6

Solo tú puedes ayudarme
Si antes no era una niña risueña y sonriente, ahora era peor. No sabía a qué sueño o ilusión podía aferrarme para dar algún sentido a mi vida. ¿Al amor? Después de la noticia sobre mi compromiso creer en el amor era para mí como creer en Dios. Nada existía en esos momentos.
La noche ni siquiera había caído cuando yo me fui a dormir. No me encontraba con ánimos y en mi mente solo cabían las palabras: futuro y pecados. En cualquier caso, los dos temas de conversación eran una auténtica locura. 
-¿Te encuentras bien? -escuché la tímida voz de mi hermana subiendo por la escala de madera hasta el altillo donde me encontraba tirada sobre mi cama, intentando dormir.
Asentí con la cabeza en un suspiro estremecedor. Se acercó a mi cama, se tumbó de lado mirando mi espalada mientras apoyaba su mano en mi hombro dándome consuelo.
-Padre está de acuerdo conmigo en que no debíamos haberte contado nada sobre tu matrimonio -Bueno, por lo menos aceptaban que no me había hecho ningún bien saber nada acerca de ello.
-Tú... – comencé a decir, pero se me atragantaban las palabras en la garganta por miedo a la respuesta que me diera - ¿Tú le amas? ¿Tú amas a Joseph? – Conseguí preguntar a lo que ella se incomodó bastante irguiéndose sobre la cama.
Se tumbó en la cama dejando la espalda completamente apoyada mirando a las tejas descuidadas y rotas del techo de madera. Me di la vuelta de lado para mirarla más de cerca y observar cada movimiento que me pudiera deducir si me estaba mintiendo o diciendo la verdad.
-No, no le amo. Pero supongo que acabaré amándole a la hora de casarnos… - Se mostraba optimista ante tal hecho, o eso intentaba aparentar – Tenemos que aprender a amar…
Giró su cabeza para mirarme, me mostró una de las sonrisas más amplias de su vida y con uno de los dedos de sus dos manos alzó las comisuras de mis labios para arriba, diciéndome: “Así te quiero ver”. Ante tal hecho no pude pensar en la remota idea de que me haya mentido. Sería de lo más retorcido del mundo si lo hubiera hecho, y mi hermana no era así.
Sonreí amargamente a lo que ella borró un poco su sonrisa. Me volví a dar la vuelta sobre la cama y cerré los ojos al tiempo en que ella me abrazaba. Nos dimos calor la una a la otra mientras nuestras respiraciones y pulsaciones del corazón se acompasaban armoniosamente. Así, nos quedamos dormidas hermana y hermana compartiendo la pesadilla de nuestro futuro.



Por la mañana dejé a Nadia hacerme un peinado bonito, pero solo por esa vez, que estábamos las dos tristes. Me hizo una trenza de raíz con toda mi melena roja. No me quedaba tan mal, pero no podía comparar eso con dejar el cabello al gusto del viento. Y otra vez comenzó la rutina del día a día: mi madre me daba una manzana, me iba a la plaza, yo se la daba a Alexandra y me aburría sentada en el alféizar de la ventana.
-Me voy a dar una vuelta… - comenté en alto cuando mi hartura llegó a su límite.
Ni siquiera estaban jugando a algo como hacían todas las mañanas, ahora solo hablaban emocionadas por el maldito juego. Me arrepentiría todos los días de mi vida por haber sacado el dichoso tema de la herejía a la luz.
Se acallaron las voces de mis amigas para mirarme con confusión y otras encogiéndose de hombros. Con un seco “vale” de mis amigas contrariadas, me alejé de ellas y de la multitud de gente charlando, trabajando y sacando agua del pozo activo de esa plaza.
Las conocía como la palma de mi mano. Helena seguramente preguntaría que qué me pasaba, Lauren sacaría una conclusión graciosa y errónea, Natalie diría con positividad que ya se me pasaría, Alma con intriga en su cuerpo fingiría pasar del tema y Alexandra infundiría ánimos falsos. Mi vida se había convertido en una obra de teatro representada en una misma ciudad millares de veces. Predecible. Pero no por ello quise estar triste, únicamente mi extravagante personalidad me hacía parecerlo.
Caminé por las calles de Blackroad observando como la gente se mataba por unas monedas de plata. Pasé por los campos de cultivo y ver a algunos aldeanos con la espalda encorvada y apunto de romperse, con el pesado arado en sus manos y las gotas de sudor inundando su cuerpo corrompido por las imperfecciones. Allí se encontraba mi padre, con la camisa quitada y chorreando hasta la última gota de sudor por culpa del sol ardiente del cielo. Decidí irme de aquel lugar, no me gustaba ver a trabajar de aquella manera a Arthur. Parecía dispuesto a que le sacaran los ojos por cincuenta insulsas monedas de plata. Él ahí rompiéndose el espinazo para darnos de comer y yo replanteándome el tema de pecar o no mientras paseaba por la aldea. Aunque, eso pronto se acabaría… En cuanto me convirtiera en una mujer pasaría el día encerrada en casa ayudando a madre.
Dejé atrás los campos de cultivo para adentrarme en el mercado. Comerciantes con sus puestos de comida, ropa y utensilios de todo tipo se volvían locos porque una simple señora le comprara un artículo suyo. Ese lugar era una locura, y más en tiempos de otoño, cuando el invierno estaba al caer y los alimentos no eran tan fáciles de conseguir. Vislumbré un pelo rubio luminoso que se acercaba por momentos a toda esa manada de gente. Me adentré entre la multitud para acercarme a Jaime, que traía entre sus manos varias cajas llenas de alimentos para comerciarlos con su padre. Ya lejos de toda esa gente, solté un suspiro aliviado y me acerqué a él.
-Anda guapa, ayúdame un poco – dijo divertido cediéndome una caja que parecía de las más ligeras.
La cogí con las dos manos juntándomela a mi pecho para que no se cayera. Anduvimos dando un rodeo a la muchedumbre hambrienta hasta el puesto de su familia. Parecía un pato andando, la caja me había engañado y pesaba demasiado: era muy grande para mi altura. Jaime no pudo aguantarse más la risa y rompió a reír mientras dejábamos las cajas al lado de un puesto, con un hombre alto y corpulento atendiéndolo. Era el señor Pebble, el padre de Jaime, que no le prestó alguna atención a su hijo pues pasamos por delante y pudimos comprobar que se centraba más en la mujer que pedía unos cereales para comer.
-No te rías, haberlo llevado tú solito… - le reproché mientras nos alejábamos un poco del mercado para apoyarnos sobre uno de los muros que protegían a la aldea de cualquier invasión.
Se acercó al muro, se sentó apoyando su espalda sobre él con las piernas sobre su pecho y me miró con intriga.
-Oye, ¿qué opinas sobre el juego nuevo? – No me contestó al instante. Deshizo el nudo que tenía hecho a un pañuelo alrededor de su cintura y de allí sacó con cautela una mazorca de maíz que había robado a su propia familia.
Me ofreció un poco, pero le negué ese alimento robado.
-Pues me da un poco igual. Lo que sí sé es que ya tengo dos pecados para contarle a Max – Dio un nuevo mordisco a la mazorca mientras yo me acercaba a él y me sentaba a su lado con expresión de interés. Me sonrió a mi cotilla súplica y me explicó – No robarás y no consentirás pensamientos ni deseos impuros…
El primer pecado me lo esperaba, ya que estaba viendo incluso el bien robado, pero el segundo… Se me abrieron los ojos como platos a lo que él le dio la risa floja, pero siempre con un tono misterioso en sus ojos.
-Solo puedo decirte que mantengo pensamientos impuros con una mujercita rubia… - Rió con fervor comiéndose de un mordisco el último trozo de mazorca que sostenían sus manos y volvió a acercarse al puesto de su familia, ya que su padre exigía su ayuda a gritos.
Se alejó de mí para volver a adentrarse entre la multitud, no sin antes un simple movimiento de la mano despidiéndose de mí.
¿Una mujercita rubia? Las únicas chicas que conocía que eran de su edad y rubias eran las hermanas Chrisball, pero Jaime era un chico muy enamoradizo: podía tratarse incluso de una mujer de diez años mayor que él.
Había encontrado otra persona que aceptaba ese juego y se divertía cometiendo esos pecados. ¿Por qué yo no podía aceptarlo como tal? Para mí, Dios no existía. ¿Quién con poder supremo podía juzgarme?
No podía aclarar mis ideas… Yo solo era una niña estúpida que tenía que decidirse entre dos caras para elegir, dos caras en las que tenía que deducir cuál estaba sonriente y cuál triste para marcar mi destino. Debía elegir el camino adecuado para ser feliz...
Mis amigos ya habían apostado su felicidad... 

8 comentarios:

Nana dijo...

Conforme avanzan las cosas, todo se pone más interesante. Aunque en realidad no haya pasado gran cosa, me intriga mucho qué puede pasar con ese juego y con el matrimonio de Iris.
Jaime ha sido el primero en "pecar", ¿quién será el siguiente? jajaja

Bueno, no te me retrases mucho en el próximo capítulo eh, que me tienes mordiéndome las uñas xDD

Un besazoooo!!

A voice in the mist dijo...

Tengo curiosidad por lo que acabará haciendo esta chica. ¿qué pecados se le pasaran por la cabeza? Algunois pueden ser muy simples pero otros....pueden ser muy fuertes y habiendo leido el prologo....esto será interesante xD o al menos eso espero xDD
Sigue pronto!!
Un beso!

Thalia dijo...

Pobre Iris y Nadia con todo el tema del matrimonio. ¿Qué pasará al final con todo eso? Me estoy comiendo la cabeza con eso xD
Vaya con Jaime, que parecía el más paradito de todos xD
Publica prontito que este capítulo deja intriga xD
Un abrazo!!

Anónimo dijo...

PECAR, PECAR, PECAR, PECAR!!!! WUJAJAJAJAJAJ En serio molaria un monton. Se me ocurren tantos pecados para una niña siniestra como tu XD XD XD
No tardes mucho en publicar, aunque ya me hayas contado el siguiente capitulo. Yo lo disfruto igual ajajajajj

Un beso, enana.

Gaúl.

✝Rose❤✝ dijo...

.....

Estan tan bien escrito esto que me ha encantado tanto :3 me encanta mucho mucho enserio tanta frases.. ese tinte de misterio y perversion, por un momento se me olvido que son niños y luegos zas! me lo recuerdas.. wow :3 Gemita de mi vida esta encantador el capitulo

Besos desde mi Utopia :*

αℓεxαη∂яα dijo...

Jo, el principio me ha dado pena, ya que las dos están jodidas con lo del matrimonio, Nadia intenta aceptarlo pero Iris...como han dicho, sería mucho mejor si no le hubiesen dicho nada, pero tampoco debían ocultárselo.JAJAJAJAJAJ Que cabrón con el Jaime jajajaj a sí que con pensamientos impuros el muy guarrillo jajajajajaj como he dicho antes que cabrón el Jaime.
La verdad es que parece bastante difícil elegir, yo me lo pensaría bien. El mal te puede llevar a la felicidad o a la tristeza y el bien a la tristeza o la felicidad...Joder...pues vaya tela...Espero que se lo piense bien, antes de decidir algo que no deba.
¡Un abruzo! Y muy buen capitulo sister :)

Gaia dijo...

¡Venga, Iris, que tú todavía no has pecado! ^^ jajajaj xD
Cada vez me veo más enganchada y más metida en esta historia, que lo sepas, quiero más capítulos para saber más cosas, cómo va ese juego y cómo lleva Iris su compromiso!
Siento mucho no haberme pasado por aquí estos días... ya sabes... exámenes... y después estoy tan loca que me meto a hacer prácticas, por si fuera poco! jajajaja xD Pero bueno, muy contenta entre perrillos ^^ (los animales ya se sabe que se llevan bien con los suyos... jajajajja xDDDDD)
y después de este autopuñal tan poco elegante (xDDDDDDD) me despido, no sin antes recordarte que espero que actualices pronto! ^^ ah? q ya lo había dicho!? jajaj xDDDD
Yo también intentaré actualizar lo antes posible... en cuanto tenga otro huequecito ese tiempo irá para más entradas, I promise ^^ jajaja
Un besote guapísima, y sigue así de bien ^^

Jose dijo...

Pobre chica, la primera que lanza lo que cree que mas bien es lo que no cree y la que termina con un conflicto interno y la cabeza echa un lio! tsss para los otros es tan facil!!! me pregunto y creo que es asi, si de verdad ella no cree en Dios o solo se trata de convencer de tal idea~ y con lo del compromiso aaahhh me gusto mucho la parte con su hermana, al menos pudo meterse en sus zapatos y compartir esa frustración!