sábado, 9 de junio de 2012

El Líder de Los Pecadores Capítulo 3

Desátame de los lazos de un compromiso

Mi padre Arthur, ya había vuelto de trabajar y ahora, se mantenía sentado en la mesa de la cocina charlando con mamá a su lado, los dos un tanto serios. Cuando se dieron cuenta de mi presencia, Clarette se levantó rapidísimo del asiento y Arthur me miró con una sonrisa. Tuve la suerte de heredar de papá esos increíbles ojos verdes casi grises, mi tozudez y mi grosería. A cualquier persona, esa clase de personalidad que teníamos les irritaba, pero a nosotros poco nos importaba.
Me senté al lado de mi padre con los ojos entrecerrados por el cansancio y él, con una sonrisa pidió a mi madre que me diera algo de comer que parecía un muerto viviente. Clarette me tendió un cuenco lleno de caldo del preparado esta mañana, posé los labios sobre el borde e incliné un poco el cuenco para comenzar a comerlo. Salado, aún ardiente y tan bueno como de costumbre.
-¿Y vuestra comida? – pregunté dejando sobre la mesa el cuenco y mirando a mis padres.
-Tardabas tanto que nosotros ya hemos comido… - explicó mi madre un tanto impaciente por algo.
Llamaron a la puerta, Clarette fue a abrir y de ella salió Nadia con un balde lleno de agua sacada del pozo. Mi madre la dio las gracias mientras mi hermana lo dejaba sobre la encimera. Se miraron los tres unos a otros pensativos como preparados para una carrera.
-Escucha hija, tenemos que hablar…  - dijo al fin Arthur con la mirada severa y sin una mueca de alegría en su rostro. Me estremecí a su expresión y a como las dos mujeres me miraban de la misma manera de pie en frente nuestra – Cuando nosotros no estemos no podremos mantenerte ni traer alimento ni dinero a esta casa – Magnífico, ya sabía por donde iban los tiros. Qué estupenda alegría – Necesitas un marido que te mantenga y… 
-¿De qué diablos hablas? No tengo ni doce años, ¿y ya me quieres endilgar a un marido? – reproché furiosa. Ya entendía el porqué de toda esta tensión al contármelo, porque sabían que me iba a poner de esta manera sí o sí.
-Primero, tranquilízate y segundo…  - Comenzó a amenazarme mi madre con el dedo señalándome y ojos enfurecidos – déjanos explicarte las cosas…
La rabia me subía por el cuerpo hasta llegar a mi cabeza a punto de explotar. Era una conversación llevadera a que me diera un ataque de nervios, de rabia y de todo junto. 
-No te vamos a casar mañana, esto será pasado a que te conviertas una mujer… - Intentaba tranquilizarme por todos los medios para dejar hablar a mi madre y que me lo explicara todo mejor, pero coger aire y soltarlo no me servía para nada. Apreté mis puños calvándome las uñas y fijé la vista al suelo sin perderme ningún detalle de lo que decía –Los chicos de Isaac Fernández tienen más o menos vuestra edad – Miró a mi hermana y por consiguiente, a mí dejando una pausa bien larga. No, por favor, no… - Nadia se casará con Joseph y tú con Nathaniel.
Sí, lo dijo. Se atrevió a decirlo. La furia inundó mi pequeño cuerpo. El aire que llegaba a mis pulmones me quemaba y ardía por dentro a punto de explotar. No quería que me vieran de tal forma y necesitaba desahogarme de alguna manera, así que abrí la puerta de casa y huí corriendo lejos de allí con los gritos de mi madre a mis espaldas y la serenidad de mi padre al pedirla que se tranquilizase.
Corrí hacia la vieja plaza abandonada donde me senté en el pozo tapiado e inservible cruzando mis piernas y levantando el vestido para no rompérmelo. Posé mis manos sobre mis rodillas y bajando mi cabeza intentando respirar tranquilamente. Por eso yo no era una niña de mi edad normal, los niños de mi edad completamente normales aceptaban una orden de sus padres. Y yo también lo hacía, pero no sin antes una rabieta.
¡No quería casarme! ¡Ni ahora ni nunca! ¡Y menos con mi mejor amigo! No me gustaba para nada, y no os engañéis, también me hubiera puesto igual si me hubieran dicho que me casaría con Joe. Ningún amor afloraba en mi pecho, yo no amaba a nadie. Y si de mayor amaba a alguien, me costaba imaginar que fuera Nathan. Vería mi boda sin sentimientos ni alegría con una persona que no quería mientras observaba a la que sí amaba y me ahoga en mi propio sufrimiento. ¡Qué asco! Y no estaba siendo exagerada. ¿Quién me podría asegurar si quiera que mis padres se quisiesen? Nadie, solo ellos.
Las manos me comenzaron a temblar y mis ojos advertían de llorar por la desesperación. Estaba atada por los lazos de mis obligaciones que no me dejaban respirar. No sabía qué sentir en esos momentos. O estaba siendo demasiado inmadura, exagerada o miedosa. O Incluso realista, demasiado realista. No era capaz de imaginarme una vida atada a un hombre después de estar viviendo como lo hacía ahora: libre. Libertad. Amaba esa palabra, pronunciarla era como sentir el frío viento de amanecer atravesando tu cuerpo dándote pequeños escalofríos placenteros. Me imaginaba esa sensación nunca vivida y… Simplemente me encantaba, y deseaba poder sentirla algún día de mi vida.
Parecía que ya me había calmado un poco y lo que antes se desencadenaba en cólera ahora se desencadenaba en melancolía y deseo.
-¿Qué haces aquí? – Escuché una voz detrás de mí. No necesité darme la vuelta, porque la voz aún no cambiada de Max se reconocía donde fuera. Los demás chicos ya estaban sufriendo la etapa de ser un hombre.
Me encogí de hombros con la cabeza a gachas.
-Pensar, ¿y tú? – dije aún en la misma posición. No tenía ganas de charlar con nadie, ni siquiera con uno de mis mejores amigos.
-Me dejé la chaqueta esta tarde y mi madre casi me mata… - Miré cómo cogía la chaqueta tirada sobre el suelo al lado de una ventana rota. Me miró y por una vez en mi vida pude verle con expresión seria, pensativo. -¿Te pasa algo?
No memo, pensé. Solo que me apetecía pasar sola el tiempo encima de un pozo ¿vale?
Pero en todo caso, asentí con la cabeza sin darle importancia a la cosa. Él se encogió de hombros e hizo el intento de irse, pero me volvió a mirar fijamente a mis labios fruncidos y mis ojos húmedos. Se pasó la mano por su melena y esbozó una pequeña sonrisa.
-Pase lo que te pase, que sepas que tus amigos van a estar ahí. Para bien o para mal – Francamente, casi me caigo de cabeza ante sus palabras. Él no era el tipo de persona que iban por ahí diciendo consejos sabios sin venir al trapo.
Se lo quise explicar todo por las palabras que me dijo, pero pensé que eso solo sería dar pena o preocupar. Así que, callé y dejé que Max cogiera su chaqueta, se la colgara a los hombros y que se alejase de aquel sitio de nuevo. De todos modos, para la boda quedaba mucho tiempo. Ya me preocuparía cuando llegara ese momento ¿no? Vale, era bipolar. Pero a la simple frase de Max parecía a verse cambiado todo el universo al lado positivo.  
Me intenté auto-convencer por mucho que esa idea me parecía desequilibrada totalmente, además…Casarme con Nathan… 
Me levanté de un salto del pozo y emprendí el camino hacia mi casa pensando en la riña que me echarían mis padres por salir de aquellas formas de casa. Por lo menos, eso no era lo peor que me esperaba…

6 comentarios:

Ivel dijo...

Asì que eso era... Chaaaaaleeee, con su mejor amigo... no juegues, pobre. Dios!!!! Y Max tan dulce, claro que sea lo que sea sus amigos estaràn allì y de què forma estarà Nathaniel xD "No memo, pensé. Solo que me apetecía pasar sola el tiempo encima de un pozo ¿vale?" QUE MONADA DE SARCÀSTICA... me agrada este personaje :)Estarè esperando el pròximo cap, rojita, saludos y besistos :*

Gaia dijo...

Pobrecilla Iris... de verdad... T.T Nunca entenderé porqué se tenían que entrometer los padres, y demás, en comprometer a sus hijos para asegurar su futuro. Sí, tener dinero para vivir y comer, lo entiendo, pero yo preferiría ser feliz con la persona a la que quiero antes que con un ricachón, como si tengo que vivir debajo de un puente, por absurdo y surrealista que suene, ¡qué caray! XDDDD
Espero más capítulos :) porque seguro que al final resulta que Iris empieza a sentir algo por ese chico, o más seguramente por cualquier otro de sus amigos, ¡y la lían parda! xDDDD
Bueno, me voy, que ya estoy desvariando, los exámenes me afectan a la neurona... xDDDD jajaja
Un besazo bonita! ^.^

Nana dijo...

Esto... El matrimonio es una caca de vaca. Y más aun si se trata de un casamiento concertado y por conveniencia. Pero antiguamente estaba de moda eso ¬¬ Cosa que me pone de los nervios, por cierto. Al menos es una persona que Iris conoce, no como ocurría de verdad, que apenas se conocía y el primer encuentro era el mismo día de la ceremonia. Un asco!
Pero el tiempo es sabio y pone a cada uno en su lugar. Con apenas 12 años no se puede prever nada, puñeta. Es demasiado pequeña y no me extraña que enganche esa rabieta. Yo tengo 20 años y si me dicen que me caso porque sí, el mundo se viene abajo con mi pataleta. Es comprensible.

A ver, Tocaya, espero que las cosas no se queden así eh ¬¬ ¡Más te vale que no! xDDD

Un besazooooo!!

αℓεxαη∂яα dijo...

Como odio la sociedad de entonces, que obligasen a sus hijos a casarse con personas que no eran amadas por ellos solo por los bienes de la familia y de ellos. Lo aborrezco y es algo que nunca podré entender.
Me da mucha pena Aria, me da pena que siendo pequeña le tengan que decir que la van a casar con su mejor amigo, me puedo imaginar como se siente aunque no del todo, ya que no he pasado por nada así (Y espero no pasar) me parece bastante normal que pille una rabieta así o peor porque tiene huevos la cosa...
Bueno, al menos ¡YA NO HAY INTRIGA! Mierda sí, la del juego....ÑAAAAAAAA ¬¬
Un abruzo ;D

✝Rose❤✝ dijo...

Si hay algo que odie en esa epoca es lo de los matrimonios obligados y la religion (como si yo hubiera vivido en esa epoca xD) pues bueno hay soluciones para eso, espero que estes pensando lo mismo que yo... jajajaj y Max :3 me encanta asi como me encanta tu historia


besos

Jose dijo...

OH DIOS! estoy algo perdida con tu blog, no recuerdo donde me quede! volveré a leerme todo de nuevo porque ni mis comentarios veo... x_x

Como quieren casarla a esa edad? es de locos! no no no esta muy chiquita, bueno en esas épocas las niñas a esa edad eran mas que aptas para el matrimonio, pero que daño, yo también haría la super pataleta y luego vuelvo a casa, ignorando a todo mundo y sin decir nada hasta que me toquen el tema y así que digo mi reverendo NO! soy de las que hacen caso, pero de por si le tengo alergia al matrimonio y a la dependencia y ataduras a esta edad, que quedaría si fuera a la edad de la chica pfff!